Las generaciones actuales están dejando de lado los métodos tradicionales y apuestan más por la digitalidad.
Nota publicada en Portafolio, 06/04/2026
Los hábitos informativos de los jóvenes latinoamericanos están atravesando una transformación acelerada, impulsada por dinámicas digitales que han redefinido no solo los canales de acceso a la información, sino también las formas de consumirla, interpretarla y compartirla en la vida cotidiana.
Redes sociales como puerta de entrada
En particular, plataformas como Instagram y TikTok se han convertido en la puerta de entrada más frecuente a la actualidad, desplazando a los formatos tradicionales que durante décadas marcaron la agenda informativa en la región.
Este cambio no solo responde a una preferencia tecnológica, sino a una lógica de consumo distinta, en la que la información aparece de manera inesperada. Como lo resume una estudiante, “yo abro Instagram y no me salen fotos: me salen noticias”.
En esa misma línea, otro joven en Colombia señala que “me entero porque entro a X o Instagram; no porque lo esté buscando”, lo que evidencia un consumo no planificado, determinado por la dinámica propia de las plataformas digitales.
Consumo fragmentado y visual
En este entorno, la información se presenta de manera fragmentada, mezclándose con memes, microvideos y otros contenidos que compiten por la atención. A su vez, los algoritmos desempeñan un papel determinante al moldear qué ve cada usuario en su experiencia diaria.
Así, el acceso a la actualidad deja de ser lineal y se convierte en una experiencia personalizada, rápida y altamente visual. Este fenómeno ha impulsado la preferencia por contenidos breves, dinámicos y directos que, como destacan los participantes, “van al grano”.
La capacidad de captar la atención en cuestión de segundos se vuelve entonces un factor decisivo. Un titular claro, una imagen potente o una frase concreta determinan si el usuario se detiene o continúa desplazándose entre múltiples estímulos informativos.
Sin embargo, esta inclinación hacia lo breve no implica una renuncia a la profundidad. Por el contrario, cuando un tema despierta interés, los jóvenes buscan ampliar la información en espacios donde perciben mayor cercanía, como videos largos o contenidos explicativos.
Esta dinámica evidencia una doble lógica de consumo, en la que un primer contacto rápido con la noticia puede derivar en una exploración más detallada, siempre que el contenido logre generar una conexión inicial con el usuario.
Entre la credibilidad y la desconfianza
El estudio también revela que los jóvenes mantienen una relación compleja con los medios tradicionales. Si bien reconocen su trayectoria y legitimidad, consideran que muchas coberturas resultan repetitivas, politizadas o excesivamente negativas.
A pesar de esta percepción, los medios convencionales siguen siendo una referencia relevante cuando se trata de verificar información o comprender hechos con mayor contexto, especialmente en escenarios donde existe riesgo de desinformación o incertidumbre.
En paralelo, los jóvenes muestran preferencia por lenguajes informales y cercanos, lo que explica su afinidad con creadores de contenido que explican la actualidad de forma conversacional, sin rigidez ni estructuras tradicionales que dificulten la comprensión.
En este contexto, el humor adquiere un papel relevante como recurso narrativo. Los memes, en particular, funcionan como un microformato informativo que permite acercarse a temas complejos y, en muchos casos, despertar el interés por profundizar posteriormente.
Más allá del formato, el estudio destaca que muchos jóvenes asumen un rol activo frente a la información. No solo consumen contenidos, sino que se sienten responsables de verificarlos y explicarlos en sus entornos cercanos, actuando como mediadores informativos.
Este comportamiento responde tanto a su formación académica como a una conciencia creciente sobre la importancia de comprender los temas de actualidad, en un entorno donde la información circula de manera constante y no siempre con garantías de veracidad.
En este escenario, el periodismo enfrenta un desafío estructural: adaptarse a un ecosistema dominado por la inmediatez y la fragmentación sin perder calidad ni rigor. La pregunta de fondo, según plantea la investigación, es cómo construir confianza en audiencias que valoran la autenticidad.
